25 marzo 2006

Palacio de Riofrio

ORÍGENES DEL PALACIO
A principios del siglo XVIII el bosque de Riofrío era un famoso lugar de caza que Felipe V tenía arrendado para sus cacerías. La construcción del Palacio de Riofrío se debe a la iniciativa de su segunda esposa Isabel de Farnesio, quien reinando ya su hijastro, Fernado VI, temía quedar privada del palacio y jardines de La Granja, por ello en 1751 compró al Marqués de Paredes la dehesa y coto redondo de Riofrío, donde a partir del año siguiente hizo construir el Palacio del mismo nombre.
Isabel deseaba construir un gran palacio para regalárselo a su otro hijo, por ello toda la financiación de la obra corre a su cargo. Ésta solo visitó Riofrío en dos ocasiones una para tomar posesión del terreno y otra para vigilar las obras.
Las obras comenzaron en 1752 y el arquitecto que diseñó el conjunto era un italiano llamado Virgilio Rabaglio, que vino a España como ayudante de Sachetti para la obra del palacio Real de Madrid. De Rabaglio podemos decir que era un arquitecto experimentado, con años de oficio antes del encargo de Riofrío.
Su finura y su talento se ensombrecieron con una circunstancia adversa: Rabaglio fue obediente a Scotti, un poderoso marqués que gozaba de la confianza plena de la reina. Scotti quería hacer en Riofrío lo que no había podido hacer en Madrid, donde Sachetti se resistió a acatar sus órdenes. Así tenemos en Riofrío un proyecto al gusto del marqués, un palacio a imagen y semejanza de su modelo madrileño, pero más pequeño, más escueto, pero de líneas más finas y elegantes.
La primera piedra se colocó en la fachada norte, junto a la capilla en octubre de 1752. Scotti había muerto algunos meses antes, con lo que Rabaglio dejaba de contar con su gran valedor. Este hecho, junto con su mala relación con los contratistas Andrea Rusca y Bartolomé Reale y con el juez veedor del Real Sitio Juan de Berueta, hizo que Rabaglio fuera destituido un tiempo después. Le sucede en la dirección de la obra Fraschina, sustancialmente inferior en talento y pericia al italiano. Aún así los planos no se alteraron y el proyecto inicial se mantuvo hasta el final. Una segunda fase constructiva de cuatro años, desde 1753 hasta 1757, dirigida por Fraschina y su equipo, completó el palacio hasta los 15 metros, cerrando las bóvedas del nivel principal. Sólo un punto de calidad en estos años lo constituye la llegada al proyecto del arquitecto francés Marquet, de cuyo diseño nos quedan en Riofrío las puertas de curvilíneos cuarterones muy elegantes, las carpinterías y las acertadas balaustradas de las escaleras. Fraschina moría en 1757 haciéndose cargo de la obra Pedro Sermini, quien cede la responsabilidad, por último, al español José Díaz Gamones, que estaría al cargo hasta 1766. En este período ocurre un hecho sustancialmente importante, en 1759 muere Fernando VI. Isabel fue llamada a ejercer la regencia y su proyecto de hacer en Riofrío un "Sitio Real" semejante al de La Granja, fue relegado.
La pérdida de interés de Isabel y de su hijo, y la aparición de multitud de problemas como el frío, el hambre, la escasez de agua y la peste, prolongó la construcción del Palacio hasta 1766. Ese mismo año muere Isabel de Farnesio rematándose el Palacio y su ala oriental con parte de sus bienes testamentarios. Asombrosamente se quedó sin hacer el ala occidental, para la cual, y por imposiciones tipográficas se había preparado una colosal obra pétrea, hoy llamada las murallas o los murallones para que sirviera de base y cimiento a ese ala occidental que nunca se hizo. Ésta obra de los murallones es impresionante por su grandeza, su extensión y su laboriosidad, constuyen un verdadero monumento a una obra inconclusa, a unos cimientos sin más edificación.
Otra pieza de la obra de grán interés es un pequeño muñón edificado, hoy exento, que hacía de cuerpo de enlace entre la fachada occidental del Palacio y la nueva ala sin construir. Este cuerpo aloja una escalera helicoidal, de fábrica exenta, aislada e incompleta que constituye toda una leccion de buen hacer constructivo.
De esta manera se completó, o se dejó incompleto, el Palacio de Riofrío, y el aspecto que presentaba hacia 1770 debía ser muy similar al que hoy tiene.

DESCRIPCIÓN
Riofrío, a 1054 metros de altura, es un gran palacio a la italiana, un cuadrado perfecto de 84x84 metros, situado en un teso colocado en el saliente sur del bosque o soto del mismo nombre. Accediendo al lugar desde el nordeste, la carretera serpentea ganando altura y Riofrío se presenta como una gran maqueta palatina, de tamaño natural, fría, elegante y escueta.
Si se accede desde el sur se enfila el eje principal con la fachada meridional al frente y se divisa su patio de armas extrañamente abierto, echándose de menos el ala occidental que nunca se hizo.
Riofrio es un cuadrado perfecto en planta, con un patio interior también cuadrado de 30,70 metros de lado. Su esquema básico es heredero directo del Palacio Real de Madrid, pero incorporando las correcciones que Scotti anhelaba.
Las cuatro fachadas se orientan a los cuatro puntos cardinales, La principal es la sur, por donde se produce el acceso regio, con el esquema soberbio que podría haber tenido el Palacio madrileño: una gran entrada de carruajes, que se detenían al pie de una doble escalera imperial que subía majestuosa a la planta principal.
Más modestas aunque elegantes son las entradas secundarias, desde las fachadas este y oeste para ganar igualmente el patio central, y en el cuerpo norte, como en Madrid, se sitúa la capilla real, de planta elíptica, excesivamente forzada por la escasa dimensión de la crujía en la que se inscribe.
El esquema es el madrileño, pero hecho de una manera contenida, refinada y en tono menor. La planta cuadrada presenta retallos en las esquinas, recordando levemente los alcázares torreados, mediante una abstracción elegante y geométrica. Quizá esa es una de las ideas claves del Palacio, la geometría y la carga de racionalismo gráfico que dicha geometría comporta. Esta estricta geometría queda reflejada tanto en planta como en fachadas como en las propias escaleras cuya disposición es de una extraordinaria disciplina geométrica de sumisión a los ejes. En las fachadas: un pórtico granítico de tres hiladas, una planta baja revocada en tono rosa, con hueco vertical muy clásico rebordeado de piedra, que termina en una leve cornisa; la planta principal con huecos algo más ornados, alternando frontón triangular con el remate curvo. Encima de todo ello la balaustrada que alterna paños ciegos y calados con el mismo ritmo impuesto por la fachada. Y al final los adornos, los jarrones floridos de caliza rosa de sepúlveda que rematan los ejes verticales.
Convendría hacer una pequeña reseña sobre los jardines que nunca se hicieron. Rabaglio tenía en proyecto el acompañamiento de un jardín, probablemente en las fachadas oeste, norte y este, pero su despedida de la dirección de as obras privaron al palacio de un jardín lleno de agua y fuentes. El propio Rabaglio había proyectado una presa en un río próximo para proveer de agua a la obra y a las instalaciones hidráulicas del futuro jardín.
Por último es importante resaltar su privilegiada situación puesto que obedece a la curiosa idea de implantar un palacio urbano en medio del campo, sin duda una elección del propio Rabaglio. Este efecto viene reforzado por no haberse llegado a construir los edificios de servicio ni los jardines en su mayor parte, quedando el Palacio en un romántico aislamiento con cierto aire pintoresco.
FICHA DE DATOS
Ubicación: Navas de Riofrío (Segovia)
Arquitectos: Virgilio Rabaglio, Carlos Fraschina, Marquet, Pedro Sermini, José Díaz Gamones
Encuadre histórico. Orígenes y evolución del templo: La obra se inicio el 24 de octubre de 1752 a cargo de una compañía de maestros italianos encabezados por Andrés Rusca y Bartolomé Reale. Puesta la primera pierda, la construcción avanzó durante un año bajo la dirección de Virgilio Ravaglio con Carlos y Juan Fraschina como ayudantes; pero los desacuerdos entre los maestros y el arquitecto acabaron con la marcha de este en febrero de 1753.
Ravaglio protestaba porque los asentistas hacían los cimientos fuera del lugar trazado y más gruesos de lo que debían para cobrar más y por la mala calidad de la labra en los bloques de piedra.
Pese a haber dirigido las obras solamente unos meses, sus planos fueron seguidos por sus seguidores, que fueron Carlos Fraschina (hasta su muerte en 1757), Pedro Sermini, y finalmente, José Díaz Gamones. La fase más activa correspondió a los años 1755-57, empujada por el entusiasmo de la Reina. La obra se acabó en 1759, aunque los remates no culminaron hasta 1766.
Tras la muerte de Isabel de Farnesio, los monarcas siguientes utilizaron Riofrío exclusivamente como pabellón de caza. A pesar de ello, su solidez no hizo precisas obras de conservación importantes, solamente se realizaron obras de decoración con papeles pintados.
Sistema constructivo: Abovedado
Materiales: Caliza rosa de Sepúlveda
Situación legal: Patrimonio Nacional
Dimensiones: Planta 84x84
Situación actual: El Palacio de Riofrío alberga en la actualidad un Museo de Caza, creado en 1765. De tener que existir en la actualidad un museo dedicado a esta ancestral actividad, éste será probablemente el lugar apropiado para ello, debido tanto a la gran afición de Isabel de Farnesio, impulsora de la construcción del palacio, y de su hijo el infante Don Luis, como por la gran cantidad de fauna venatoria que contiene el bosque que lo circunda.
Es un completo repaso a todo el proceso histórico de la caza, desde los tiempos primitivos hasta los modernos, y presenta multitud de animales fruto de una perfecta labor taxidermista. Su decoración artística es desbordante: pinturas de los grandes maestros, como Velázquez, Rubens, Giusseppe Bonito, Toribio Álvarez...; tapicerías del siglo XVIII de la Real Fábrica de Santa Bárbara; esculturas, mobiliario y armas antiguas de incalculable valor histórico.
El Palacio fue restaurado por Diego Méndez en 1945, y posteriormente Ramón Andrada cambió gran parte de los pavimentos de baldosas por mármol en 1965, cuando se montó el “Museo de la Caza”. Estos últimos años se ha restaurado la planta baja para albergar el almacén de muebles, obra dirigida por Juan Hernández y Mª Luisa Bujarrabal.
Bibliografía consultada:
La arquitectura de los Sitios Reales : catálogo histórico de los palacios, jardines y patronatos reales del Patrimonio Nacional
Sancho, José Luis
Editor: Patrimonio Nacional
Fecha de pub: 1995
Páginas: 694 p.
Palacios Reales del Patrimonio Nacional
Hernández Ferrero, Juan A.
Editor: Lunwerg
Fecha de pub: 1997
Páginas:517 p.
Palacios reales en España : historia y arquitectura de la magnificencia
Editor: Fundación Argentaria
Fecha de pub: 1996
Páginas: 180 p.
Palacios Reales del Patrimonio Nacional
Collazos, Oscar
Editor: Lunwerg
Fecha de pub: 1988
Páginas: 108 p.